Estamos acostumbrados a que cuando una película funciona de forma aceptable, no se tarda en explotarla y sacar una secuela de la misma. El problema es que, también generalmente, estas continuaciones perjudican la imagen de lo que fue la original ya que se quedan girando en lo mismo sin darle un nuevo gusto que acompañe al ya conocido.
Este es el caso de «12 horas para sobrevivir» o «The Purge: Anarchy» la nueva entrega de James DeMonaco, que continua la historia de la trama estrenada el año pasado en «The Purge» conocida aquí como «La noche de la expiación«. Donde en el año 2023 Estados Unidos es una nación renacida donde los padres fundadores establecieron una purga anual de 12 hs, en la que toda actividad criminal se convierte en legal, como para que el pueblo haga un poco de catarsis en una especie de terapia de choque.
Ahora la trama se centra en un nuevo grupo de personas pertenecientes a la clase media que, por distintas situaciones, se encontraran bajo la protección de Leo Barnes (Frank Grillo) un militar que está en la búsqueda de su propia purificación.
Con un inicio medio lento, la historia avanza mostrando el libertinaje del crimen en las calles del gran país, siempre apoyándose en los tiros, la sangre, el descontrol y la muerte; manteniéndose así en toda la película, por ende ya para la mitad del film nos encontramos con el sentimiento de monotonía, aburrimiento y las ganas de arrancar un asiento y pegarle al acomodador.
El protagonista es nada más y nada menos que el doble agente que quiere lastimar a nuestro queridísimo Capitán Rogers en la segunda entrega de su saga. Grillo se carga el trabajo al hombro en una actuación aceptable y acorde (sin mucho mas). El resto del elenco deja mucho que desear y le restan más peso a la película del que la trama viene sacando. El dato curioso es que el joven Edwin Hodge retoma su papel de la primer entrega, Dwayne.
Para los que vieron y disfrutaron la primera, tienen esta segunda purga para ver (dejando la puerta abierta para la tercera). Con el claro mensaje de que no siempre la clase alta tiene el poder esta propuesta de 103 minutos demuestra que donde pasa absolutamente todo también puede haber absolutamente nada de profundidad.
Solo sobrevive por las escenas de sangre y muerte a la oligarquía. El resto, olvidable.
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Trailer:
Rodrigo Fernandez Noguera

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