El director Vincent Carrelli se involucra directamente en esta película de denuncia. La causa es la expropiación de las tierras de los guaraní-kaiowá, indígenas que habitan en la zona sur de Brasil, en lo mas profundo del Mato Grosso. Son tierras que nacieron de un antiguo conflicto, luego de la Guerra del Paraguay; y que buscan ser expropiadas a los indígenas por el Estado.
Considerado un pueblo invisibilizado, el director viaja con ellos conociendo las diferentes poblaciones y contando pequeñas anécdotas que acabarán formando un todo; un estado de situación que se repite en todos los poblados indígenas. Junto a esto, intercala material de archivo que cuenta los antecedentes de lo que observamos en el presente, para que podamos comprender el origen de las situaciones.
El problema de esta película es que en sus casi tres horas de metraje no sigue una progresión ordenada de causas y consecuencias, sino que la mezcla del pasado con el presente resulta confusa. Además, la narración es monocorde y no destaca ningún punto en particular, resultando en una historia chata. La fotografía es sucia y rudimentaria, mostrando una estética rústica, casi casera. El montaje, por otro lado, deja que desear.
Se trata de un documental de denuncia que intentará mostrar un estado de cosas terribles que son ignoradas por los medios tradicionales. Sin embargo, tanto la mezcla desordenada de conceptos como la falta de momentos álgidos en el guión, la hacen difícil de seguir.
(*) «Martirio» forma parte de la Competencia Latinoamericana de la 31° Edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

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