Camila es la protagonista de esta suerte de road movie en la que decide despedirse de Buenos Aires para pasar unos meses en Nueva York. El objetivo es terminar con un proyecto de traducción, la famosa obra de Shakespeare «Sueño de una noche de verano». En este viaje, a partir de la relación con las personas nuevas y viejas que ocupan lugares en su vida, Camila va protagonizando diferentes episodios narrativos. El eje está puesto en las relaciones humanas en las que siempre se sumerje a medias, sin llegar a comprometerse y sin abrirse realmente al otro.
A medida que el tiempo en el viaje pasa, Camila abandona la tarea de la traducción, se aleja emocionalmente de su novio, y se aboca a un estilo de vida de turista en una ciudad nueva. Sin embargo, nada cambia para ella: no se ha comprometido con otra cosa, sino cambia una superficialidad por otra. Ella vive, como muchos otros jóvenes, en un mundo de apatía irreconocida en donde se pretenden todos los beneficios de una relación profunda, pero ninguno de los sacrificios que implica. Esto se traspasa a todas las relaciones de las que forma parte, desde las románticas hasta las familiares.
Si bien la historia sigue una progresión, no encontraremos ningún conflicto fuerte que marque un antes y un después en la vida de Camila. Más bien se trata de una árida llanura emocional en la que nada es lo bastante alegre ni lo bastante triste. Si bien las situaciones no se repiten, llegamos a la molesta sensación de que en el fondo todo es lo mismo, provocándonos una suerte de monotonía simbólica. La fotografía se maneja de forma correcta, con colores pasteles sin que nada resalte demasiado. Es decir, resulta coherente con el concepto de la historia. Del mismo modo, no hay nada que destaque.
La intencionalidad es clara al mostrar un pantallazo de una vida sin fuertes compromisos emocionales, aunque el conflicto se hace extrañar. Por más apática que sea Camila, una vida sin tensión alguna no resulta creíble. Quizá el mayor conflicto sea la búsqueda del contraste con los otros personajes que a primera vista no viven de una forma tan inconexa. Pero luego nos preguntamos si es realmente así, o si bien se intentó realizar un retrato de toda una generación de jóvenes. De cualquier modo, le falta una vuelta de tuerca para cerrar el concepto de la falsa soledad, de una vida solitaria aunque esté rodeada de personas.
Tráiler:
(*) «Hermia y Helena» forma parte de la Competencia Internacional de la 31° Edición del Festival de Cine Independiente de Mar del Plata.

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