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«Brooklyn»: Té para tres

«Brooklyn»: Té para tres

Una nueva historia de amor llega a la pantalla grande. Con tintes de humor y drama británico, “Brooklyn” se convierte en una apuesta por recuperar un estilo cinematográfico clásico contando historias mínimas.

Basada en la novela de Colm Tóibín, “Brooklyn” se caracteriza en los demenciales años ´50.  La película se centra en el personaje de Eilis (Saorise Ronan) una joven irlandesa que parte hacia el nuevo mundo en busca de un futuro próspero. Al otro lado del Altántico la espera un sin fin de nuevas experiencias, pero sobre todo el amor.

Brooklyn” en una interesante apuesta desde lo narrativo para el curso actual del cine moderno. Propone una estructura de relato muy clásica, desde la presentación de los personajes hasta las posibles eventualidades que puedan surgir en los momentos claves de la película. Pero cuando parece que es todo predecible y no encuetra espacio para la sorpresa es cuando más se luce. Encuentra en pequeñas situaciones cotidianas el espacio para que la esencia del guión y los diálogos se luzcan. Esa virtud de la palabra, que por momentos parece perdida gana relevancia durante toda la película. Lo que se cuenta, y lo que no se cuenta tienen peso propio. Cómo encara cada personaje para relatar lo que tiene para decir.

La tarea del director John Crowley es muy correcta. Maneja diferentes tiempos durante el recorrido de la cinta dando lugar a la resolución de escenas manejadas con un exquisito nivel actoral. Sin dudas, ese es su punto más alto. Pero con el correr de la historia, la percepción general se diluye, entra en varios pozos característicos del genero de época. Entonces el ritmo se desacelera y se acelera en momentos sin necesidad ya que la planicie que plantea desde el guión no permite grandes giros.

La tarea del elenco es muy pareja. Sin grandes estrellas hollywoodenses, la apuesta es encontrar la homogeneidad actoral. En este rubro, el director consigue lo que busca, el trabajo de sus actores es destacable en todos sus personajes. La corporalidad esta bien aplicada, el manejo de silencios y gestualidades funcionan con creces. El trabajo de Saorise Ronan (nominada al Oscar 2015 como mejor actríz) no es más destacable que el del resto de sus compañeros, pero eso no lo convierte en un mal trabajo, sino por el contrario.

Brooklyn” es una interesante apuesta, que sin contar una historia atípica, ni nada fuera de lo común se encuentra con detalles interesantes en una película aceptable. Los años ’50 siguen brindando historias al cine.

Calificación:puntuacion 3,5

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