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«El ciudadano ilustre»: Volver no siempre resulta tan fácil

«El ciudadano ilustre»: Volver no siempre resulta tan fácil

Llega a nuestras salas la última película de la dupla Gastón Duprat y Mariano Cohn, directores de títulos como «El hombre de al lado». Desde Revista Toma 5 te anticipamos qué trae este nuevo coctel de humor, tensión, y una gran actuación de Oscar Martínez.

Daniel Mantovani –Oscar Martínez- acaba de ser premiado como Premio Nobel de Literatura. Es un escritor exitoso que hace más de 40 años vive en Barcelona en una suntuosa casa y con una agenda apretada. Recibe una invitación para volver a Salas, su pueblo natal en la Provincia de Buenos Aires, para ser premiado como ciudadano ilustre. Sin demasiado entusiasmo, pero motivado por sacudir un poco su vida apática que atraviesa una crisis creativa desde hace unos años, decide aceptar.
A partir de ese puntapié inicial la película supera con creces esa primera parte. Mantovani es un tipo reacio a los afectos, distante, con toda su impronta europeizante a cuestas y el cruce con su pueblo y sus antiguas relaciones lo hacen todo muy ameno, divertido y por momentos con una catarata de gags muy efectivos. La señorita de sexto grado, su amigo de la infancia (Dady Brieva), que terminó siendo el marido de su ex novia (Andrea Frigerio), y el intendente (Manuel Vicente) acompañan una primera media de hora del film que funciona al ritmo de lo absurdo y con pasajes de muy buen humor.

Cuando la historia comienza a avanzar, esa relación entre los dos mundos comienza a opacarse. A medida que algunos personajes del pueblo tienen contacto con la obra de Mantovani o exponen sus críticas, la película se acerca más al drama que a la comedia. Sigue habiendo momentos de comedia pero son más incómodos que divertidos. Un vecino que lo invita a almorzar, una agenda apretada al ritmo de la intendencia y otros conflictos funcionan en ese sentido.

El protagonista se ve inmiscuido en unas cuantas situaciones al ser interpelado como el héroe de un pueblo que casi no conoce su obra, que le pide su reconocimiento, que por momentos lo abraza y por otros lo insulta. Lo invitan a dar charlas sobre sus libros, a ser parte de un jurado de “notables” que elegirán en un concurso las mejores obras de arte de los pueblerinos y otras situaciones que lo expondrán notablemente.
El largo juega con la tensión entre un pueblo que se enorgullece de “su prócer” pero casi como una cuestión de chauvinismo y cholulaje, sin demasiado arraigo. Distancia que se tensa aún más cuando encuentran que ese que está ahí, avalado por su éxito, es un tipo rancio que los cuestiona y los describe en sus libros como algo que ellos niegan o al menos dicen desconocer.

La película, que ya fue aclamada en el Festival de Venecia donde está concursando, juega con eso: con los reconocimientos. Los éxitos, las costumbres, los ídolos y la idiosincrasia de un pueblo con todo lo complejo que eso supone, y que obliga a que por momentos el guión se apoye en ciertos estereotipos.
Por otra parte, Oscar Martínez, en una de sus entrevistas por estos días sostuvo que la película es “una metáfora de la Argentina como país”. Por su parte, los realizadores si bien aceptan esa mirada, aclaran que para ellos es algo mucho más gris. A juzgar por lo visto podemos sostener que Duprat y Cohn se la juegan un poco más por la mirada del protagonista, que casualmente coincide con cierta lectura que Martínez tiene e hizo pública en varias ocasiones sobre algunos aspectos de nuestro país. Esta suerte de “empatía” entre el personaje y el actor que lo interpreta, fue uno de los aspectos que los mismos autores reconocen -en entrevista a Página 12- como un mérito para pensar en la pertinencia de su elección.
Un último aspecto a destacar es la temporalidad del relato. En ese sentido, parte de la historia juega con el tiempo del libro que Mantovani presenta acerca de su paso por Salas y el de la película en sí misma. Justamente en esa distancia entre ficción y realidad se apoya el relato e invita a ser destacado cuando está bien logrado. Más allá de los matices o las interpretaciones que cada uno pueda hacer de la película, vale la pena verla y sacar las propias.

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Federico Piva

Periodista. Lic. Comunicación Social. Redactor apasionado, observador obsesivo y escribiente frecuente. @fedep81