Una nueva adaptación de Tarzán llega a los cines de la mano del director encargado de varias de las películas de la saga Harry Potter, David Yates. El resultado no deja más que una sensación de insatisfacción, todo por culpa de un guión que no logró definir una historia específica y que falla en hacernos encariñar con los personajes, lamentablemente desaprovechados.
La trama inicia años después de que Tarzán haya sido educado y llevado a la civilización. John Clayton III -como se lo conoce ahora- debe volver al Congo como parte de una investigación encargada por el Parlamento, ya que es considerado la persona adecuada a razón de su experiencia en el lugar. Sin embargo, el protagonista no tiene idea que su vuelta a la jungla responde al malvado plan de León Rom, un caza recompensas que necesita de él para adquirir una fortuna en diamantes y llevar a cabo sus secretas intenciones.
La película no termina por convencer debido a un guión que carece de emoción. Durante la primera media hora nos adentramos en una historia que no tiene gancho y se vuelve tediosa. La película mejora mucho durante la segunda hora, cuando Tarzán finalmente se desenvuelve en la selva y tiene que rescatar a Jane de las manos de Rom. Ese es el momento en que finalmente la historia se endereza y mantiene fiel hasta el final. El director intentó mejorar mucho el filme, pero pese a todos sus esfuerzos es difícil reparar algo que estaba mal concebido desde un principio.
Las interpretaciones son disparejas en el elenco. Si bien Alexander Skarsgard fue una buena elección para el protagónico debido a su carisma natural, la historia evita que sea un papel tan icónico como el logrado por Johnny Weissmuller. Samuel L. Jackson es sin duda lo mejor de la película. Pese a realizar una actuación muy similar a sus roles con Tarantino, nos regala las pocas risas del filme. Por otro lado, con pesar debo mencionar que Margot Robbie muestra la interpretación más floja. Su participación es sobreactuada y sus momentos en pantalla terminan siendo olvidados una vez que salís de la sala. Finalmente, Christoph Waltz tampoco logra convencer como villano. Quizá sea por la excesiva cantidad de roles del mismo estilo que ha venido interpretando en los últimos años.
Con respecto a los aspectos técnicos, lo más destacable son los efectos en CGI que logran emular casi a la perfección los animales de la selva, en ese sentido ¡un triunfo! En fotografía, Henry Braham decidió usar tonalidades oscuras para generar drama, pero lamentablemente eso hizo necesario renunciar a los paisajes tan ricos y vistosos de África. En sonido y musicalización cumple con lo requerido. Respecto a la edición, utiliza los flashbacks para contar el pasado de Tarzán, aunque el guión sigue siendo el problema central. También cabe mencionar que la versión en 3D es muy pobre y nada recomendable. No capitalizan la selva para los efectos especiales, y los momentos en los que se intentó provechar este formato son contados con los dedos de una mano.
Tarzán tendrá sus defensores, quienes terminaran por adorar la película, pero eso no quita el hecho que sufra de muchos problemas. En la sala de cine esperaba encontrarme un verdadero hombre de la selva. Sin embargo, lamentablemente me hallé con un filme muy superficial en el que han convertido a Tarzán en un personaje más alejado del original, y más cercano a un superhéroe de esos universos de historietas que están tan de moda en la actualidad.
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