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“La luz entre los océanos”: Sobre amor y posesión

“La luz entre los océanos”: Sobre amor y posesión

La primera guerra mundial acaba de terminar y  Tom Sherbourne (Michael Fassbender) ha sobrevivido, pero encuentra su vida vacía de sentido. En un intento de aislarse del mundo consigue un trabajo como cuidador del faro de la pequeña isla de Janus, donde es el único habitante. Sin embargo, en una de sus visitas al pueblo conoce a Isabel (Alicia Vikander) y acaba casándose con ella. De pronto la isla deshabitada ahora es ocupada por dos personas. Este es el inicio de una historia de amor que aparenta será empalagosa y donde todo sale perfecto, una romanticona que no aportaría nada al género. Pero nada más alejado de la verdad. No nos dejemos engañar por este sencillo planteo. La historia se hace más compleja y profundiza en la psicología de los personajes, demostrando que las historias de amor reales no tienen nada de sencillo ni perfecto.

Tom e Isabel se aman, de eso no queda duda. Pero lo que amarga sus vidas es la imposibilidad de tener hijos, lo cual ambos desean. Luego de perdido el segundo embarazo y con el desgaste en la relación que eso conlleva, ocurre algo inesperado: un bote a la deriva encalla en su isla, llevando como únicos pasajeros un hombre muerto y un bebé recién nacido. Luego de discutirlo, la pareja decide esconder el cuerpo y apropiarse del bebé como propio. Mientras la pequeña Lucy crece, la familia no podría ser más feliz, y nadie tiene motivo para sospechar. Sin embargo, las cosas cambian cuando en una visita al pueblo, Tom descubre que la madre biológica de Lucy aun la busca junto a su fallecido esposo. Él es incapaz de decírselo a su esposa, pero también comienza a sentirse agobiado por la culpa. Para expiar su pecado decide dejarle una mínima pista a Hannah (Rachel Weisz), la madre biológica de su hija, sin saber que eso será la punta del ovillo para una larga búsqueda.

El típico planteo de película romántica ha quedado ahora muy atrás, y los personajes deben enfrentarse a sentimientos contradictorios. Cada uno de los tres principales está escrito de forma brillante e interpretado a la altura. Ya sea desde el amor, la culpa, los celos, y las contradicciones internas de cada uno; se nos hace imposible no empatizar con ellos, ponernos en su lugar, y preguntarnos qué haríamos. El romance ha ido desapareciendo de a poco y ha dado paso a un policial. Tom enfrenta su juicio, e Isabel debe decidir si es capaz de perdonarlo o será consumida por el amor egoísta por su hija. Es notorio incluso que en algunos momentos los personajes no se gustan a sí mismos, mostrando que la contradicción está siempre presente. Se muestra un tratamiento realista de una situación compleja, sin dejar de lado el contexto del pueblo que pulula alrededor, sin dejarnos olvidar que la gente puede ser rapidísima para juzgar y transportar los chismes.

Por otro lado, la pequeña Lucy también está presente como personaje. Es una novedad para un género en el que los hijos suelen ser tratados como objetos de competencia entre los padres, o como meras imágenes enternecedoras. En este caso, desde la lógica de sus cuatro años, también tiene sus reclamos que expresa con llantos y gritos o portándose mal. Porque es uno de esos casos en los que los más sufridos son los chicos, y no nos deja olvidarnos de que la historia de amor más importante la tiene a ella como protagonista. Todo esto  por cierto está acompañado por una notable fotografía de un lugar tradicional de principios de siglo. Pero el premio mayor se lo llevan las composiciones del oscarizado Alexandre Desplat, que acompañan perfectamente cada estado de ánimo de los personajes.

Esta película es un drama inteligente, complejo, y tratado con delicadeza. Aporta mucho al género y ofrece una mirada distinta de la típica historia de amor. No teme explorar en la psicología de los personajes y sobre todo en sus diferencias. Los actores realizan un trabajo sobresaliente, y sin embargo equilibrado entre ellos. Disfrutable de principio a fin, para no perdérsela.

Calificación: puntuacion 4,5

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Agustina Celeste

Usaba lentes y leía antes de que fuera cool, ahora soy agente de SHIELD. La vida es muy corta para tomar vino malo o ver películas malas. Cada día estaciono mejor.