Nos llega tarde, pero el regreso del director Roman Polanski a nuestros cines ya es una realidad. Presentada en la edición 2013 de el Festival de Cannes, la calidad en la dirección de Polanski sigue intacta.
Para poder entender “La Piel de Venus” es importante saber que es una película basada en una obra teatral de Broadway sobre la novela de Leopold Von Sacher-Masoch, donde nace el concepto de masoquismo. Durante la primera parte de la película, se usan reiterados e irónicos guiños hacía la versión original para romper con la dureza de la explicación histórica.
“La Piel de Venus” transcurre durante una noche de audición en un teatro de Francia. Thomas, el adaptador de la obra, esta cerrando su día de trabajo cuando una actríz, Vanda, se presenta a último momento para auditar. Tras algunos vaivenes, Thomas es sorprendido por Vanda al interpretar como él imaginaba al personaje femenino de la obra. Entusiasmado por la caracterización de Vanda, Thomas empieza a interpretar las partes de la obra junto a ella. Ambos se entregan a un juego por el dominio de uno sobre el otro.
Polanski trabaja toda la película desde un enfoque clásico. No recurre a casi ningún efecto visual, en ese sentido es una película cruda. Minuto tras minuto, prioriza el minucioso cuidado actoral de su elenco en una constante búsqueda de lucimiento. En ese contexto, Polanski navega con la facilidad de los grandes directores. El conflicto surge en sostener toda una película con solo dos personajes. El resultado es agobiante, y ante algún mínimo descuido, todo lo elaborado se desmorona. Es en algún punto, una casa de cartas, solo un soplido puede hacer caer todo.
“La Piel de Venus” esta arraigada directamente a la labor de sus actores. Ambos cumplen con un trabajo doble constante, deben interpretar a sus personajes pero a la vez encarnar la obra que ensayan desde la perspectiva propia de cada uno. Thomas, interpretado por Mathieu Amalric recorre todos los estadíos que se le puedan exigir. El avance de la historia lo fortalece y lo ayuda a encontrarle los matices necesarios para su papel. Por otro lado, Emmanuelle Seigner (esposa actual de Polanski), si bien logra una destacada actuación por momentos parece no encontrar el rumbo exacto del personaje.
Llegar al final de una película con un grado de intensidad tan parejo hace que la pérdida de atención sea una realidad. Sin embargo, los detalles estéticos y la poética con la que trabaja Polanski convierten a “La Piel de Venus” en una eterna mezcla sobre la complejidad de los temas más profundos del ser.
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