Como ya es costumbre con las adaptaciones de sagas juveniles (o Young Adult) el final de la historia se divide en dos partes. Moda que inauguró Harry Potter en 2010, desde entonces casi todas han seguido su camino: desde la romanticona Crepúsculo hasta la post-apocalíptica Los Juegos del Hambre.
La saga Divergente no podía ser la excepción, aunque casi lo fue. Al principio se anunció que la trilogía original de los libros sería respetada, aunque a medida que las películas se fueron despegando del material original, parece que esa idea fue reeemplazada por el concepto de una más jugosa adaptación de cuatro partes. Dividiendo el último libro (Allegiant) en dos parte: Leal y Ascendente.
Con Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, la división en dos partes respondía a una necesidad de adaptar el libro con el mayor lujo de detalle posible, cosa que ni siquiera así se logró, ya que hablamos de un material original abundante en nueva información y sucesos de una relevancia fundamental para la trama, que no podían ser dejados afuera.
Sin embargo, con Divergente la división no responde más que a una movida comercial, que poco tiene para ofrecer argumentalmente hablando. Llevando a un abuso de recursos para estirar la trama, que nos dejan con una película pobre y plagada de efectos visuales, a falta de un guión que la sostenga. Y la sensación de que todo lo que están dejando para el final, se podía contar de forma mucho más eficiente en una sola película.
Lamentablemente, se tira así por la borda algo que costó bastante construir: Una historia autónoma y con suficiente personalidad como para despegarse de las molestas comparaciones con Los Juegos del Hambre y otras distopías post-apocalípticas con protagonistas femeninas. En Leal, Tris es relegada al papel de títere del villano de turno, y poco nos queda de la guerrera de las dos primeras entregas.
Esta tercera parte tiene muy poco para aportarle a sus dos predecesoras: Luego de derrocar al sistema corrupto de gobierno en Chicago, los protagonistas se sumergen en un nuevo contexto poco creíble y pobremente desarrollado. Se repiten los patrones de las anteriores y las supuestas intrigas que los rodean son más bien obvias. Por el contrario, lo que necesita explicación no lo tiene, demorándose en escenas inverosímiles y chistes sin gracia, entre otros agujeros argumentales.
Desde el final de Insurgente, podíamos intuir que la dirección que estaban tomando las películas no iba por buen camino. Con Leal no sólo lo confirmamos, sino que deja muy pocas expectativas para la conclusión de la saga, o sea exactamente lo opuesto al efecto que debería generar.
Un verdadera lástima, teniendo en cuenta que el último libro de la trilogía brinda un digno final y responde muchos interrogantes de la historia que carecían de explicación lógica hasta ese momento. Pero la película sólo deja con más interrogantes a la audiencia, y ni que hablar de sostenerse por sí misma. Es imposible disfrutarla sin haber visto las dos anteriores. Y aún así, es bastante difícil.
Ojalá la tendencia cambie, y la última película retome el espíritu de la primera, en la que se sentaron las bases para un mundo bastante más complejo de lo que se notaba a primera vista, y prometía brindarnos mucho más.
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