Hay algo llamado suspensión de la incredulidad que funciona cuando consumimos ficción, con la voluntad de aceptar como cierto lo que puede resultar inverosímil. Desde ya, para ver esta película hace falta tenerlo activado. Bajar los escudos del sentido crítico y el análisis sesudo para poder disfrutar este mundo que existe a base de magia e ilusionismo. Así y todo, puede resultar difícil no perder esa credulidad en alguno de los rebuscados giros de la trama.
La secuela de «Nada es lo que parece» (Now you see me) retoma la historia un año después de la original, que terminó con un final abierto y la implícita posibilidad de una segunda parte. Si bien su éxito fue bastante medido, dio lugar a esta continuación que parece bien calculada desde el principio. Lástima que el guión se esfuerza tanto en sorprender y confundir al espectador, que termina llevando todo un paso demasiado lejos. La buena noticia es que no se necesita haber visto la anterior para entender esta (aunque genera querer volver a verla).
Los Cuatro Jinetes regresan a la carga con una tarea encomendada por la antigua orden de magos «El Ojo» y para eso deberán replantearse sus roles en el equipo y ante el público. Nuevamente los interpretan Jesse Eisenberg, Dave Franco y Woody Harrelson, comandados por Mark Ruffalo. En esta oportunidad Isla Fisher es reemplazada por la nueva integrante Lula (Lizzy Kaplan) una joven carismática y entusiasta, con el talento necesario para estar a la altura de sus compañeros. En este sentido se luce mucho más que su predecesora, cuyo aporte al equipo no terminaba de quedar del todo definido. Siendo la única mujer en un elenco de hombres, se las arregla muy bien para no caer en estereotipos y le da un refrescante toque cómico a la par de Harrelson.
También los villanos vuelven a interpretar sus roles, descubriendo muchos secretos y motivaciones que apenas se podían vislumbrar en la primera parte. Aparecen nuevos jugadores y se va armando el rompecabezas de lo que pareciera ser la base para varias películas más. Habrá que ver cómo le va en taquilla, como para justificar semejante elenco y presupuesto en efectos visuales.
Con todo, al guión le falta solidez para terminar de sostener la historia, que repite varios recursos de la anterior y nos da la impresión de estar quedándose sin ideas. Si bien la primera parte sorprendió por la originalidad de la trama en un momento en que nos innundan las secuelas y adaptaciones, esta segunda parte peca justamente de eso, convirtiéndose en una más del montón.
Una de las grandes expectativas estaba puesta en la incorporación de Daniel Radcliffe («Harry Potter») al elenco. El mago más famoso de la modernidad en una película de ilusionistas, sonaba al menos interesante. Especialmente cuando viene esforzándose desde hace años por despegarse del papel que lo hizo famoso. El truco de Daniel es justamente no interpretar a un mago (y ni siquiera es uno de los chicos buenos). Pero falla en su desesperado intento de brindarnos otro personaje memorable o al menos una actuación creíble.
En general, «Nada es lo que parece 2» es entretenida, si estamos dispuestos a perdonarle el reciclaje de sus propias ideas y que le sobre media hora.

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