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«Sin nada que perder»: Vaqueros, indios y rangers

«Sin nada que perder»: Vaqueros, indios y rangers

Texas, en la actualidad, aunque los pueblos que recorren nuestro par de anti-héroes están tan congelados en el tiempo que nos cuesta precisar en qué época estamos. Todo comienza cuando los hermanos Toby (Chris Pine) y Tanner (Ben Foster) vuelven a encontrarse luego de la muerte de su madre. Herederos repentinos de una hacienda, nacidos y criados en lo más profundo del campo texano, estos vaqueros deciden emprender un viaje para robar bancos. Se trata de robos pequeños, pensados con cuidado y bien ejecutados. Sin embargo, enseguida vemos la diferencia entre ambos: Tanner, un ex convicto, se arriesga más a cada paso y nos da la sensación de que no tardará en cometer un terrible error.

Del otro lado, tenemos al ranger de Texas Marcus Hamilton, interpretado por un genial Jeff Bridges, quien hace un equipo inusual con un indio para ir detrás de estos vaqueros. Un western moderno pero con roles bien definidos desde el principio. Se plantea la típica película de cacería, el juego del gato y el ratón donde los delincuentes siempre parecen ir un paso adelante. Durante la primera mitad no es mucho más que eso. Sin embargo, se destaca la caracterización de un Estados Unidos profundo, más allá del glamour de Nueva York y California, que no suele verse reflejado en el cine. Además, sorprende con una fotografía que se destaca por sus hermosas composiciones.

Sin embargo, en la segunda mitad la película parece querer compensar el lento ritmo de la primera parte y acelera sin reparos. La persecusión encuentra la emoción, los personajes adquieren más matices, y un repentino giro hacia el final nos dejará con la boca abierta. Un último tercio bien arriba que les da la oportunidad a los actores de lucirse a la altura de sus talentos. Pero llegar a este punto requiere una paciencia que no todo espectador tendría. El peor error de la película es probablemente la diferencia de ritmo entre el principio y el final. El relato se levanta y cumple, pero eso no nos hace olvidar lo flojo del inicio.

Una película para ver con cierto ojo analítico: la carrera de los hermanos Howard no es una sucesión de locuras; sino que persiguen un claro objetivo con cada pequeño robo. Unos miles acá, otros allá, sin llamar la atención, limpiando el dinero en fichas del casino indio del oeste de Texas. Al final, todas las piezas caen en su lugar y comprendemos que cada movimiento fue perfectamente orquestado. Esto ya se lo huele el ranger Hamilton, y es ese instinto que el experimentado actor sabe aprovechar al máximo para su interpretación.

De todos modos, en un mundo lleno de blockbusters, es digno de celebración que alguien se anime a realizar un western adaptado al mundo actual. Un género que parecía olvidado y al que le han dado una vuelta de tuerca. No en vano tiene sus cuatro nominaciones a los premios de la Academia, aunque quizá repsondan a cierta nostalgia institucional por este tipo de películas. Se destaca por mucho Jeff Bridges, quien merece ser galardonado como el Mejor Actor de Reparto más que las otras nominaciones de esta obra. Imperdible para los amantes del género, pero puede que no sea la mejor película para iniciarse en él si nunca disfrutaron de las bondades del buen western.

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Agustina Celeste

Usaba lentes y leía antes de que fuera cool, ahora soy agente de SHIELD. La vida es muy corta para tomar vino malo o ver películas malas. Cada día estaciono mejor.