Este documental mexicano parte de una idea personalista, pero no biográfica y cuenta la historia de Laura Bonaparte, la abuela de la directora. Esta argentina radicada en México vive en la feliz ignorancia de un geriátrico, con lagunas en la memoria que amenazan con comerse todo su pasado. Con la ayuda de su nieta y un archivo fotográfico, reconstruye la triste realidad: es el último bastión de una familia de militantes políticos que han desaparecido uno a uno durante la última dictadura argentina.
La riqueza radica en que no se trata de un relato político, sino que versa sobre la memoria. Es, en este caso, una ironía que esta luchadora empecinada en recuperar la memoria colectiva comience a perder la propia. Con la ternura de una abuela amorosa y el dolor de volver a descubrir la muerte de tres de sus cuatro hijos, cada vez como si fuera la primera. Este enorme trabajo de fuentes recopilada por la directora nos lleva por la historia de Laura y su familia hasta que sólo queda ella.
Cuenta con momentos poéticos, narrado por la sabiduría de una anciana de 86 años que conserva momentos de extrema lucidez, para luego aparecer en la más absoluta confusión. Sin embargo, nos genera amor y respeto sin mostrar ningún ridículo. Ella sigue siendo la cabeza de la familia en la que el olvido es una bendición. Un ritmo relajado pero no pesado, con planos largos pero necesarios, emotiva y literaria. Seguimos los pasos que Natalia Bruschtein ha dado sobre los de su abuela, siguiendo la investigación y recopilando las fuentes que nos cuentan paso a paso la historia de Laura.
Es en nuestro caso una bendición que la directora y guionista sea extranjera. Aunque recurre a material de archivo y una mínima explicación necesaria, no cae en el lugar común de la película de militancia política que busca ensalsar alguno de los grupos que participaron en la dictadura. Es refrescante, puesto que no es usual de ver en temas en los que el cine militante es ley. No todo es historia, claro está, con escenas de paisajes exteriores que acompañadas por la narración de Laura o Natalia, funcionan como separadores en la memoria. Lo único que hace algo de ruido es que no sabemos por qué los hijos de Laura son asesinados. Podemos intuir que son montoneros, pero es probable que sea una decisión intencional en pos de alejar el conflicto central de la política.
Al final, si no estamos al borde de las lágrimas es porque no entendimos nada. La directora tiene éxito en tomar una historia que todos conocemos y atravesarla para mostrar un costado que nunca nos hubiéramos imaginado. Emotiva y poética, con un ritmo adecuado pero nunca excesivo, y nunca aburrido; comienza a perfilarse como una de las opciones más fuertes para la Competencia Latinoamericana.
Tráiler:
* «Tiempo Suspendido» forma parte de la Competencia Latinoamericana de la 30° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Comentarios