Alrededor del mundo, desde el país más moderno hasta el más tradicional, todo el público aprecia una buena dosis de acción en las películas. ¿Y cómo no? ¿A quién no le gusta sentirse el héroe y ponerse en la piel de ese guerrero a prueba de todo que combate a los malos? Desde Terminator hasta John McClane, la acción es parte de nuestra historia cinéfila desde nuestros primeros recuerdos. Sin embargo, cuando se busca generar ese hermoso sentimiento en el público, se cometen inexactitudes. Algunas podemos perdonarlas, y otras son errores groseros. Sólo podemos pasarlos por alto por la emoción de una trama que nos deje al borde del asiento. Pero ahora, con la cabeza fría, vamos a analizar y destruir algunos de los mitos más comunes de las películas de acción.
No cualquiera puede disparar. ¿Cuántas veces vemos en una película de acción que cualquier hijo de vecino encuentra un arma y de pronto se convierte en un experto tirador? En la vida real nadie aprende a disparar por instinto. El primer problema es que seguramente no sabría el procedimiento para dejar el arma lista para disparar. Quizás incluso no sabría sacarle el seguro. Hagamos la prueba señor lector, ¿lo sabe usted? Además, tampoco a apuntar se aprende por instinto. Se necesita una forma muy específica de pararse y sostener un arma para que las balas lleguen al destino deseado, aunque en Hollywood parecen dar en el blanco por arte de magia, siempre que convenga a la trama.
El chaleco antibalas no es infalible. Si bien es cierto que la protección balística detiene las balas de determinados calibres, no es un escudo mágico que protege a su portador. Si nos dispararan utilizando un chaleco, incluso así nos lastimaríamos por la transferencia de fuerza del impacto. La bala no necesita tocarnos directamente, y es muy común que las desafortunadas víctimas de estos disparos se rompan alguna costilla o lesionen algún órgano interno. Eso sólo para el bajo calibre. Si una camioneta llena de libios nos disparara innumerables veces con una ametralladora, el chaleco sólo serviría para dejar los pedazos del Doc medio juntos hasta que llegue a la morgue. En la vida real el chaleco le hubiera servido tanto como una capa de pintura.
No se puede romper una cerradura con una bala. Esto es algo muy común en Hollywood, donde en las películas de acción todo puede solucionarse disparando. Ni un candado ni una cerradura podrían abrirse de esta manera. Incluso a pocos centímetros, la bala no atravesaría el metal sino que rebotaría en él. Apenas podría funcionar con un arma de gran calibre como una escopeta, pero la bala se rompería en esquirlas al golpear el metal, las cuales se dispararían en diferentes direcciones haciendo muy difícil que salgamos ilesos. De hecho, si llevamos esto un poco más allá, en las películas las balas nunca rebotan. Sencillamente salen del arma y luego no sabemos más de su destino. Pero la realidad es que en interiores, rebotarían contra las paredes y el piso y continuarían su trayectoria con algo menos de fuerza. Es decir, un tiroteo en interiores es una sentencia de muerte asegurada.
La nafta no explota tan fácilmente. Con el permiso de Michael Bay, no es suficiente con dispararle a un tanque de nafta para hacer volar un auto por los aires. Es verdad que el combustible es inflamable, pero se necesitan ciertas condiciones para que esto ocurra. Con la bala el tanque de nafta no solamente no explotaría, sino que dadas las condiciones sólo se prendería fuego. Comenzaría a extenderse de a poco, buscando elementos inflamables en su camino, y tomaría horas que el auto entero se incendiara. Más que suficiente para que sus pasajeros arrimen el auto a la banquina y salgan tranquilos. Por otro lado, tampoco se puede encender el combustible arrojándole un cigarrillo, como hemos visto en innumerables escenas cargadas de drama. La temperatura del cigarrillo no es suficiente, y sólo se apagaría al mojarse.
Las municiones se acaban. Es algo conocido que en Hollywood nadie se queda sin balas, salvo que esto funcione en la historia. Un revolver de seis municiones suele ser disparado once o doce veces, para no irse demasiado de tema. Pero luego parece que toda arma automática tiene una munición infinita. Tomemos el caso de «Scarface». La famosa escena de Al Pacino no sería posible, ya que la AK-47 tiene un cartucho con espacio para treinta municiones. Es cierto que dispara alrededor de 700 balas por minuto, pero como sólo puede cargar treinta, se quedaría sin balas en cuatro o cinco segundos. Más imposible aún si tenemos en cuenta el detalle de las balas que rebotan y las esquirlas cuando se dispara en interiores. En «Commando», Arnold Schwarzenegger dispara toda la película sin recargar ni una sola vez. Lástima que su M4 Carabine tenga sólo treinta municiones.

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