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«Un gran dinosaurio»: Volviendo a casa

«Un gran dinosaurio»: Volviendo a casa

Pixar llega con su segundo tanque anual, luego de volar cabezas en Julio con «Intensa-Mente«. El reemplazo del adjetivo en el título original «El buen dinosaurio» es un acierto en la traducción para el público latinoamericano, caso poco común si los hay.

Pero no todo son aciertos en la película, que impacta más por su contenido visual que por los méritos de la trama. Pixar nos tiene acostumbrados a relatos sumamente originales y altamente emotivos, combinando la calidad de su animación con la de su historia. En este caso, no llegamos a conectar realmente con el protagonista y sus motivos, a pesar de partir de una premisa que encaja perfecto con lo que esperamos ver de una película de la productora de la lamparita.

Para los que fuimos niños en los ’90, el parecido con «El Rey León» es innegable, pero evocando una sensación de autoplagio más que un homenaje. De hecho, todo el argumento recuerda sospechosamente también a esa gran epopeya infantil de fines de los ’80 que fue «Pie Pequeño: En busca del valle encantado». Y las similitudes no se detinen ahí, ya que en general la película tiene un sabor a la no tan lejana «Buscando a Nemo». Le perdonaríamos todo esto e incluso generaría nostalgia si fuera lo suficientemente graciosa o emocionante, pero lo es de a escasos ratos.

Consideremos por un momento -contrario a lo que nos dicen siempre los creativos de Pixar- que se trata de una película pura y exclusivamente para niños. Es un argumento que no termina de cerrar ya que hay chistes incomprensibles para los chicos y escenas claramente apuntadas a un público adulto, aunque no sean tan eficaces como cabría esperar.

No todo es desilusión, hay momentos realmente emocionantes (especialmente el final) y escenas tan hermosas que ni siquiera parecen generadas por computadora. Pero justamente genera la sensación de estar viendo un muestrario de las habilidades de Pixar como animadores, en detrimento de la narrativa.

Sin dudas el protagonista Arlo -un joven dinosaurio con problemas para enfrentar sus miedos- y su compañero de aventuras Spot -un cachorro humano, más cachorro que humano- son adorables y cautivarán a gran parte de la audiencia. Pero no lo suficiente como para dejar pasar todo lo antes mencionado y el hecho de que nos prometieron una historia donde los dinosaurios nunca se extinguieron y, excepto por los detalles pintorescos, la historia podría haber transcurrido tranquilamente en otro contexto.

Es una película de aventuras ligera para ir a ver con medidas expectativas, y dejarse cautivar por el deleite visual de paisajes y texturas de una belleza asombrosa.

Calificación: puntuacion 3

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