El viernes 17 de junio se estrenó la cuarta temporada de “Orange is the New Black” en Netflix.
La prisión es un espacio reducido; es la locación más importante del show y donde ocurren la mayoría de las escenas (exceptuando los flashbacks de cada personaje). Es por eso que a veces se torna difícil poder sostener una historia que ocurra en un lugar tan chico, ya que nos podemos preguntar qué más les puede pasar a estas reclusas. Y esto se sintió un poco durante la tercera temporada. Se empezaron a dar ciertas situaciones que parecían un poco forzadas porque ya no quedaba tanto por contar.
Sin embargo, la cuarta temporada se renueva totalmente. Y esto se debe, en principio, a la gran cantidad de actrices que se incorporan a la historia. Llega una nueva camada de internas a la prisión, acontecimiento que va a causar un cierto recelo en las distintas protagonistas.
Esto significa renovar un poco los aires de encierro y llevar a las reclusas conocidas a transitar por diversas situaciones. No solo vamos a tener nuevos personajes y nuevas historias por contar, sino que también nuestras queridas protagonistas van a tener la posibilidad de desarrollarse de una mejor manera.
La población en la prisión crece, como también lo hace la comunidad latina, y esto traerá a su vez problemáticas entre este grupo y para con los demás. Esto llevará a que también tenga que incrementarse la fuerza de seguridad en la cárcel.
“Orange is the New Black” fue renovada por tres temporadas más y con su cuarta entrega demuestra que tiene mucho más material por mostrar que lo que estuvimos viendo los años anteriores.
Nuevas reclusas, nuevos policías, nuevas historias y las más adorables presas de Litchfield reunidos para llevar a la serie a un nuevo nivel.

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