“Desde allá” se desarrolla en las calles de Venezuela. Cuenta la historia de Armando, un hombre de cincuenta años de clase media alta y de Elder, un joven de clase baja. Sus caminos se cruzan en una relación romántica manejada por la manipulación y la conveniencia.
“Desde allá” retrata con crudeza la escencia de la sociedad venezolana actual. Con tono sutil y evidente muestra la vil influencia de la división de clases instaurada en cada uno de los personajes que se suceden. Éllos estan compenetrados y son parte de la diégesis que se narra. De este modo, Lorenzo Vigas, consigue una compleja mirada estructural de su sociedad en la sucesión de personajes que se van presentando.
La puesta en escena que propone el director es minuciosa para estudiar. Utiliza planos cortos con gran desenfoque de los fondos, esta clave es característica del género romántico para encerrar el mundo de los enamorados. Este recurso es muy bien aplicado por Vigas, logra meternos en la historia de los dos personajes principales excluyendo al mundo que los rodea. Sin embargo, esa perdida visual no quita que lo externo no tenga importancia sino, por lo contrario, ese afuera recobra importancia cada vez que vuelve a verse en pantalla.
La consistencia en la actuación de Alfredo Castro en su papel de Armando es impactante. La fuerza en la utilización de la mirada y el silencio es el punto más alto de su trabajo. Su presencia en cada plano es destacable porque no solo potencia su propio rol sino que ayuda a canalizar la intensidad de sus colegas.
Para el final de «Desde allá» el relato va en aumento hasta alcanzar un clímax en donde la manipulación de una persona por sobre otra tiene un alto grado de saturación. Una historia que cumple pero no deslumbra.
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